En el ámbito de la gestión humana, de personal, o de recursos humanos, se ha generalizado el uso del término “colaboradores” para designar a las personas que laboran en una empresa u organización. Se habla de “nuestros colaboradores”, “líderes y colaboradores”, entre otros usos generalizados y poco analizados en su contexto, impacto y significado real.
El término es claro: colaborador es quien “labora con” alguien. También, colaborador es quien aporta algo (su trabajo, sus ideas, recursos…). Por lo tanto, hablar de colaboradores es hablar de personas que laboran con otras, o que aportan algo, o ambas cosas.
En este sentido, todas las personas que laboran en una organización son colaboradores; de lo contrario, son vagos solitarios, pues ni aportan ni trabajan con nadie más.
Hacer una segregación o separación entre líderes y colaboradores, es pues inadecuada, al menos que estemos diciendo que el líder no colabora, lo cual sería un grave error, pues, aunque el líder fuera vago, no puede ser solitario, dada la definición misma de liderazgo: para ejercer el liderazgo - no importa el estilo - debe tener con quien y, por lo tanto, ya está co-laborando, aunque no esté colaborando.
Entonces, concluimos que el líder, por el hecho de serlo, ya es colaborador, por lo cual, líder y colaborador no pueden ser entes distintos, no puede existir dicotomía, pues sería como decir que existen dominicanos y personas: líder es subconjunto de colaborador, por lo cual no pueden ser vistos como dos elementos disjuntos.
Por otra parte, esto me recuerda a George Orwell, no en “1984”, sino en “Granja Animal” (“Animal Farm”). En esta fábula o metáfora, un grupo de animales de una granja, cansados de la opresión de la que eran objeto por parte del granjero, se rebelan y toman la granja por asalto, huyendo el granjero y dejando “el gobierno” de la granja a los animales. Éstos, fieles a los valores que habían dado lugar a la rebelión, crearon una sociedad igualitaria, y hasta escribieron en una pared “todos los animales son iguales”… hasta que comenzaron a surgir los privilegios para los “gobernantes”. Hasta que un buen día, el letrero amaneció enmendado con la frase “… pero algunos animales son más iguales que otros”.
… y ahí viene el tema de los líderes, todos los colaboradores son iguales… pero unos son más colaboradores que otros, por eso se llaman líderes y no colaboradores (la aparente contradicción no es accidental).
Finalmente, me surge la inquietud de comparar a las personas que laboran en una empresa con los actores de una película. Si llamáramos “colaboradores” a los actores, obviamente, jamás pensaríamos en el protagonista principal como el “colaborador”; eso suena más a actor secundario o a actor de reparto, o incluso a “extra”.
Si en verdad queremos destacar a las personas con la importancia integral inherente a su condición de seres y de humanos, es pues esencial tratarlas como protagonistas principales, como actores principales en la película que es la empresa u organización.
Y en este sentido hay que ser claros y precisos. Todo individuo que labora y colabora en una empresa u organización cualquiera, tiene allí un empleo, por el cual percibe un salario o jornal. Y esto incluye a sus ejecutivos, aunque sean dueños. A los dueños, en virtud de su condición de haber puesto dinero en el negocio y poseer acciones de la misma, se les llama “accionistas” o “inversionistas”, ¿no?
Pues, para designar a quienes laboran y colaboran en la empresa, sin importar condición de nivel o cargo, existe una palabra: empleado. Yo soy un empleado de mi propia firma de consultoría, y por la colaboración y co-laboración que realizo, percibo un salario. Soy un empleado. Punto. Y como empleado, soy protagonista. No soy un simple colaborador, actor secundario, que “ayuda” a que algo suceda. Lo hago suceder, participo en que suceda de forma protagónica, activa, constructiva, creativa y creadora.
Soy protagonista, actor principal, como son cada uno y cada una de mis colegas compañeros y compañeras de trabajo.
No soy un simple colaborador. Soy actor.
Y si por casualidad duele leer o escuchar estas reflexiones, hay varias recomendaciones posibles. La primera: revisar cuáles son las causas y raíces del sentimiento de culpa que lleva al eufemismo orwelliano que existe detrás de la palabra colaborador, en el contexto laboral.
sábado, 20 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario